En algún u otro momento de la vida,  el que se reconoce como escritor se plantea una pregunta ¿deseo ser reconocido? En las innumerables noches de insomnio, en las que acostumbra a soñar que es escritor, valorará los pros y los contras a permanecer en el anonimato, esa enigmática situación en la que el escritor vive ajeno a toda actividad pública y vive para su obra y encerrado en su habitación sin conceder entrevistas. El 99,99% de los escritores oirá un runrún en su estómago porque ya cenó hace unas horas y sigue despierto, que será quien tome finalmente la decisión. La necesidad de comer les obliga a ser autores públicos, a ser reconocidos haya donde vayan, a firmar ejemplares, a realizar entrevistas, porque si hay una argumento en común en todos los escritores, tanto en las entrevistas reales, cuando ya son escritores, como en las entrevistas falsas, cuando sueñan con ser escritores, es su deseo de vivir de la literatura. En la medida en que los escritores también viven en la época del consumismo (por muy intelectuales que sean), llevan ese modelo de vida hasta sus últimas consecuencias, a las leyes físicas del espacio y el tiempo y desean consumir su tiempo para que transcurra cuento antes y poder vivir de su literatura cuanto antes y todo pasa por ser lo más famoso posible cuanto antes, para abandonar sus aburridos trabajos como abogados, charcuteros o peor aún, como periodistas cuanto antes.

 

A pesar de ello, existen algunos escritores por todos conocidos (me refiero solo a sus nombres, claro) que sobreviven en el anonimato escribiendo sus obras sin mostrarse, sin la necesidad de hacerlo para que esa notoriedad le proporcione pinches beneficios, quizá, porque su vida está resuelta económicamente hablando (en realidad, debería haber escrito escribiendo y no hablando pues no estoy usando la boca para plasmar mi conjetura) ya que heredaron una fortuna de sus padres, todos ellos dueños de bufetes de abogados o de cadenas de charcutería o peor aún, de dueños de periódicos.

 

En España no es muy reciente la existencia de escritores ocultos. El caso más reciente ha sido el de Juan Eslava Galán, más conocido como Nicholas Wilcox (nunca mejor dicho [o escrito], ya que sus novelas sobre templarios han sido más famosas que sus últimas novelas como Galán). También son célebres aquellos escritores que debían ocultar sus novelas de vaqueros y de investigadores bajo un seudónimo en inglés porque vendían mejor y más que si utilizasen sus nombres españoles (luego lo dicho en el primer párrafo es falso).

 

Ahora que se ha descubierto el “engaño” de Galán todos presumen de haberlo sabido antes de que llegase a la opinión pública. Sin embargo, nadie dijo nada. Desde Críticas Desespedantes, donde todo lo dicho es falso, estamos dispuestos a adelantar el nombre del escritor que se oculta bajo el que parece ser el siguiente seudónimo que está recolectando algunos éxitos, Peter Harris (entendiendo la palabra éxito como muchas ventas, muchas ventas).

 

Pocos fueron los que se creyeron la biografía de este supuesto gran conocedor de España (como no iba a conocerlo, si vive ahí) y muchos los que sospecharon, desde un inicio, que debía tratarse de algún escritor de mediano prestigio que, en un entendible intento de ganar dinero, escribiera una obra cercana a “El Código da Vinci” (con una trama de intriga y un personaje famoso), para aprovecharse de ese éxito sin manchar su verdadero nombre, el utilizado para escribir sus obras literarias, con esa novela “El enigma Vivaldi” que incluso él o ella estará seguro o segura de que es mediocre (gritemos un hip! hip! Hurra, por los adjetivos asexuados). Otras voces llegaron a afirmar que incluso podría ser el mismo Juan Eslava Galán quien, desilusionado porque su juego hubiera o hubiese terminado, hubiera o hubiese decidido crearse otro seudónimo para distraer a su juguetona y prolífica mente.

 

Desde Críticas Desespedantes podemos afirmar que no. Que tenemos el nombre de la persona que escribe bajo el seudónimo de Peter Harris y se lo vamos a confesar. Luego serán ustedes quienes divaguen sobre las razones que le ha llevado a ello. Nuestra única función es malinformar y malinformamos que, la persona que ha escrito una primera novela como Peter Harris, titulada “El enigma Vivaldi” y poco tiempo después, una segunda novela titulada “La conspiración del tempo” es: Ana Rosa Quintana.

 

Anuncios